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Às vezes, encontro-me nas palavras dos outros. Mais raramente, nas minhas. Por pura coincidência. Em pura coincidência.






Francisco José Viegas, As Imagens

I am a good friend. I’m easily
taken by the hand, and I do what
others ask of me, well and cheerfully.
But my secret soul that does not lie
to itself murmurs its own words.
And sometimes a god calls me and wants
me to listen to him. With the thoughts
that are born in me then, with my heart
beating inside, with the intensity of my pain,
I reject all likeness with other men.
I have this privilege. And I will keep it.
Tradução inglesa de George Hochfield and Leonard Nathan








Paul Celan, Papoila e Memória
Tradução de João Barrento e Y. K. Centeno
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Cecília Meireles

C. K. Williams






Hugo Lindo







António Lobo Antunes, A Morte de Carlos Gardel
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Tú estás en ese taxi parado, sí, eres Tú
—un bulto en el crepúsculo— junto al bordillo blanco
donde se acaba el campo de enfrente o descampado.
Lo sé, aunque no te he visto (y aunque dentro del taxi
no hay nadie). Está lloviendo con fuerza. Está empezando
a oler en la ciudad a campo de muy lejos...
Y tú estás en el taxi como en una capilla
que fuera entre las hazas ermita solitaria.
(Lo sé, porque esos trigos que se iluminan, lejos...,
y ese río parado, con sus aguas crecidas
de pronto...) Llueve fuerte y estás dentro del taxi
(tal vez junto a ese chófer fatigado al volante).
Sé que dentro del taxi no hay nadie, pero huele
a lluvia de muy lejos. Suena esa luvia. Y pienso
sin ganas: ser poeta, suspender en el aire
laborioso de un día y otro día unas pocas
palabras necesarias, y quitarse de en medio.
Porque uno —su difícil vivir— ya no hace falta
si quedan las palabras. Ser poeta: orientarse,
como esa luz dudosa cruzando el descampado
y en vez de una existencia brillante, tener alma.
Por eso, algo me quito de en medio: estoy viviendo
como un taxi parado junto al bordillo blanco
(y hay un cerco de alegres sonrisas y de manos
fieles a sus celestes contactos en la sombra).
Porque Tú, el más activo —y el más ocioso— estabas
aquí, junto al farol de luz verde en la noche.
Tú, sin libros; Tú, libre con brazos, con miradas,
estabas sin testigos y medías —ocioso—
mis pasos por mi cuarto (donde caben mis años).
Y los trigos en éxtasis de Castilla la Vieja,
los ríos llameantes con sus aguas crecidas,
seguían a lo lejos relevándote (mientras
detrás de mis cristales aparece el retraso
de ese barro, esos charcos del ancho descampado,
¡yo también descampado, desterrado del campo!) Porque Tú, el más activo —y el más ocioso— estabas
aquí, junto al farol de luz verde en lan oche.
Tú, sin libros; Tú, libre con brazos, con miradas,
estabas sin testigos y medías —ocioso—
mis pasos por mi cuarto (donde caben mis años).
Y los trigos en éxtasis de Castilla la Vieja,
los ríos llameantes con sus aguas crecidas,
seguían a lo lejos relevándote (mientras
detrás de mis cristales aparece el retraso
de ese barro, esos charcos del ancho descampado,
¡yo también descampado, desterrado del campo!)
Luis Felipe Vivanco
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