4 de setembro de 2009




Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.- El mundo es eso - reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con la luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay gente de fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas; algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

Eduardo Galeano, El libro de los abrazos

2 comentários:

Vera Cymbron disse...

Tenho a sorte de ter tido gente em quem me "acendi"... sem lhes roubar chama. Um texto muito bonito pela mensagem e não só...mas há razões que são capazes de ler isto e pensar numa forma utopica de olhar a diversidade.

Anónimo disse...

É por essa razão que sempre que me cruzo, pela manhã, com esse alguém onde me "acendo", eu digo que acabei de ver o sol.

A escolha deste texto revela a sua profundidade, uma vez mais.

E é lindíssimo nesta língua.